Posteado por: Gaby en: Marzo 13, 2006
La casa es chica, suele decir mi mamá, pero el corazón es más chico. Sin embargo, nadie es capaz de decirle que no a un pariente que necesita pasar unos días fuera de su casa por alguna razón, o a alguien que viene a visitarte. Pero toda visita tiene un límite, y existen esos visitantes que no se dan cuenta de ello.
Caso Nº 1: una pariente X viene a tu casa y te pide revisar su e-mail. Como tenés el “no” difícil (ojo, no es lo mismo que el “sí” fácil), y como ella no tiene computadora con banda ancha en su casa, le decís que sí, creyendo que dentro de poco tiempo te va a devolver a tu querida PC. ERROR! las visitas-pescado nunca te devuelven rápido la computadora, ni el control remoto, ni la cámara de fotos, ni… ni nada!.
A las visitas-pescado les gusta sentirse como en su casa, asi que se sacan las zapatillas mientras están en tu compu, te piden que les alcances algo de la heladera, y lo apoyan sobre el mouse-pad, el CPU, el scanner o cualquier cosa tuya que tengas por ahi. Te reinician la PC cuando tienen ganas, y cuando lo necesitan, te piden el teléfono para hacer alguna llamadita. Nunca tienen crédito en sus celulares y quieren usar el tuyo. Les encanta poner la webcam y dejar a toda la casa a la vista de su público, generalmente amigos de otras partes del mundo.
Las visitas-pescado se pasean por la casa en paños menores sin que les importe mucho, o te piden ropa prestada porque no trajeron nada más cómodo. También te piden desodorante, talco y calzado. Siempre ponen la música que quieren, en general baladas cachondas.
Caso Nº 2: El pariente que llega de visita sin avisar y se queda hasta la noche. Para empezar, las visitas sin avisar no siempre son gratas, pero las visitas-pescado han aprendido que les conviene llegar sin avisar, así los demás no les inventan alguna excusa para que no vayan a sus casas.
A las visitas pescado les encanta ir todos los fines de semana a la casa de otra persona, porque de cualquier forma nadie los va a visitar a su propia casa. Como para vengarse, llegan tempranito en la mañana a casa de los demás, y no se van sino hasta pasada la medianoche, después de haberse comido todo lo que pudieron.
Las visitas-pescado tienen un apetito insaciable, siempre quieren repetir como tres veces, se toman toda la coca, quieren justo ese flancito que estabas guardando para más adelante, y atacan la heladera sin reparo alguno.
Las visitas-pescado existen en todas las familias, y nos guste o no, nunca podemos negarnos a recibirlos en casa, tienen ese no-se-qué que te hace casi imposible decirles que no.
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